jueves, 17 de julio de 2014

Mis instrumentos del Arte

Confieso que hace algunos años adquirí una curiosa variedad del Síndrome de Diógenes el cuál me hacía adquirir cualquier aparatejo de vidrio de laboratorio. Compraba por internet, en mercadillos, me colaba en talleres de vidrio científico decenas de matraces, alambiques, tubos de refrigeración, bandejas de pyrex, tubos de ensayo, retortas, Erlenmeyers, varillas de vidrio, fantásticos morteros esmerilados, tapones, codillos adaptadores, matraces de destilación, etc., para llenar las estanterías del laboratorio, con el fin de calentarlos penosamente, durante larguísimas jornadas, con los más infernales tormentos que mis diversos atanores podían proporcionar.

Fuí testigo de cómo el fuego, lamiendo lentamente las rechonchas paredes de mis vasos, hacían volar los espíritus hasta la otra punta de la mesa del laboratorio, obrando algún que otro pequeño milagro mientras un servidor sudaba por ver la gotita caer lentamente, la cristalización de alguna sal curiosa, la separación de los elementos o cualquier otra experiencia digna de ser contada.

Sin embargo, con el tiempo, pese a haber realizado decenas de trabajo espagíricos, me di cuenta de que realmente había hecho poca Alquimia. No sin cierta desilusión, fuí guardando en cajas todos mis materiales cuando detectaba que tiritaban bajo el polvo de mi laboratorio. No podía soportar las inexpresivas miradas de los ojos de vidrio, ora grandes como balones, ora pequeños como los de un ratón, que parecían pedirme disculpas por no haberme podido llevar a la Piedra.

Pasé una temporada sin pisar el laboratorio, algo desilusionado o melancólico, por haber sido tanto tonto de gastarme tanto dinero en esos carísimos instrumentos. Así pasaba mis días, y mis noches, hasta que una pequeña luz se me iluminó, y entonces volví al laboratorio. Rebusqué entre mis cajas, desnudé de papel de periódico las lisas cabezas de los matraces, para acabar rescatando tan solo tres pequeños matraces de 50 ml. que me habían costado, tiempo atrás en una oferta, unos pocos céntimos. Ni llegaban al euro.

Entonces me puso a trabajar, usando tan solo estos como instrumentos, en mi nueva idea. Levanté mi atanor, lo encendí con presteza y dispuse todo. Al cabo de un tiempo, me maravillé cuando comprobé que, sin haber utilizado ningún carísimo vidrio de los que disponía en el laboratorio, fui capaz de hacer el avance más importante en lo que Alquimia se refiere de mi vida. Tan solo utilicé esos pequeños matraces, pero bien podría haber utilizado una botella vacía de cerveza, o cualquier otra cosa, para obrar el mismo trabajo.

Así que abandoné definitivamente a los otros, y me dediqué a partir de entonces a trabajar con mis pequeños compañeros.

Entonces, ¿fue un error el haberme gastado todo ese dinero en llenar mis estanterías de aparatos? Por supuesto que no. Fue una enseñanza, los utilicé, aprendí con ellos, y llegado el momento, en cierta forma, me abandonaron. Fueorn los libros que quemé, metafóricamente hablando, para poder blanquear mi latón.

Hay gente que se enfrasca en sus vidrios, y no son capaces de ver más allá de estos. Se dejan embaucar por la belleza del laboratorio, pero obvian lo esencial del Arte, y en esto se les va la vida. El primer alquimista del mundo no tenía matraces seguramente, si apenas cuatro piedras y palos, y fue capaz de obrar tanto. Por eso, los instrumentos, sean de la clase que sean, son solo herramientas temporales, pero no van a determinar nada. El auténtico Saber Hermético es gratis, disponible para todos y está deseando ser tomado.

8 comentarios:

  1. Hola Artefuego
    ¿Has conseguido algo que tenga algun uso?

    Saludos

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  2. Yo tambien,y mucho,con cuatro perras

    Saludos

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  3. Yo tambien he conseguido muchisimo con material de cuatro chavos.

    Saludos

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  4. Felicitaciones por el retorno.
    Indudablemente cuando te refieres a que "fui capaz de hacer el avance más importante en lo que Alquimia se refiere de mi vida", hablas de nuestra Agua, con la que se hace la obra entera.
    Recibe un saludo

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. El verdadero saber Hermetico, ni es gratis y mucho menos disponibles para todos, para perderse casi todos, eso sí, para esto es.
    El secreto de la gran mayoria de " alquimistas" es el pretexto para esconder el gran fracaso.
    artefuego ¿Como estas hombre ?

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  7. Artefuego, me ha emocionado tu relato. Enhorabuena.
    Me encantará aprender de tus experiencias.
    Si te es posible, podrías contarnos más sobre tus trabajos, yo estoy dando palos de ciego y agradeceré un poco de orientación de cualquiera de vosotros que con más experiencia quiera ayudar.
    Si alguien prefiere contactar de forma más directa puedo facilitar mi dirección de correo.
    Gracias anticipadas.
    Un saludo
    Pepe.

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