domingo, 29 de enero de 2012

Particular VS Universal

El sincero estudiante del Arte se habrá encontrado muchas veces ante una compleja tesitura: la Vía que sigo, ¿se trata de encontrar la auténtica Piedra Filosofal, o quizás es tan solo un Particular? Para intentar resolverlo, voy a enumerar el como alguien puede distinguir los caminos que va marcando la Naturaleza.

Muchos alquimistas, en sus libros, ofrecen miles de recetas: algunos, trabajando con metales, otros, con vino, con las más diversas sales, minerales, plantas, aguas, animales, orines, óxidos, sulfatos, carbonatos, etc., esperando encontrar el Rojo Cristal tras destapar un ennegrecido crisol o un sufrido matraz al rigor del fuego. De estas recetas es cierto que en muchos casos, y siguiendo a recomendados escritores, podemos llegar a fantásticas medicinas o incluso a transmutaciones, pero jamás a la Piedra auténtica.

El porqué radica la definición, y el objetivo, de las llamas Vías Particulares, desdeñadas un poco por los antiguos sabios. En principio, el artista que siga una Vía Particular intentará, considerando que los metales están en un estado de cocción más o menos maduro, retrogradarlo (con mejor o peor fortuna) a su estado primigenio, a su raíz metálica, para entonces poder elaborar con ese caótico fango la Piedra. El cómo se puede llegar a semejante lodazal no es algo que trataré aquí pero más o menos viene a significar el seguir las más diversas recetas, unas más caras o pesadas que otras. En contraste con este modus operandi, existen las llamadas Vías Universales.

En las Vías Universales (si es que hay más de una, claro), consideradas más nobles, el alquimista toma una materia inespecífica, homogénea, la pone en su único vaso, y tras una cocción en su único fuego, la materia va evolucionando hasta acabar convertira en la Piedra de los Sabios, auténtica y Universalísima. Podemos considerar entonces que aquí, los autores no consideran a los metales como estados distintos de una misma cosa, sino como un radical metálico puro que ha sido contaminado por los distintos vapores sulfurosos que ha ido encontrando en su camino. Por ende, todo se puede limpiar hasta llegar a la blancura, de la que nacerá, en el mejor de los casos, una segunda materia (cuando no, a una tercera, cuarta o vigésimo séptima), que pudiera llevarnos hasta la Materia Primera.

Sin dura, la Vía Universal, es más sencilla, corta y barata que cualquier particular. Por el contrario, es más secreta y difícil de llevar a cabo, pues sin las revelaciones oportunas (tanto internas como externas), poco se puede esperar.

Ahora bien, ¿qué determina el que una persona elija uno u otro camino? Sin duda el conocimiento, pues si todos conociéramos la Vía Universal nadie seguiría cualquier otro, de seguro más complejo. Pero, ¿qué da el conocimiento de una u otra Vía? Pues no es otra cosa que el objetivo personal del alquimista.

Aquí rozamos el más polémico punto de la discusión contemporánea entre los hermanos del Arte: ¿se trata la alquimia de un don, de un conocimiento insuflado, de un donum Dei? Habrá partidarios y detractores de esta teoría, yo no me voy a pronunciar al respecto, pero lo que sí es seguro que el salir del Laberinto vendrá determinado por las intenciones del Artista

Bien sea por un regalo de Dios o por un interruptor mental que encendamos, no es lo mismo, ni igual de noble, el buscar la Piedra Filosofal (o un vulgar sustituto) con el único fin de conseguir un poco de oro o de prolongar la juventud de manera extraordinaria que por el único y humilde premio que el de satisfacer la ignorancia.

Los antiguos dicen que la realización de la auténtica Piedra no es más que el inicio de la Gran Obra. Con ella, el alquimista se licencia por el Fuego; ha logrado entender a la Naturaleza en la asignatura de la muerte y la generación, para con ella elaborar la Gema de la Sabiduría, pero sus efectos no dejan de ser un vulgar truco de magia comparado con lo que viene después.

Sobre ese misterioso acto segundo de esta Obra, poco hemos oído hablar, pero sin duda, el único objetivo será el de conocer un poco más la Naturaleza, el saber por el saber, fomentar la humildad de sabernos sabios de nada.

Quedan muchas interrogantes en el ambiente, pero es seguro que el feliz objetivo será determinado por la sincera disposición del aspirante a Adepto:
¿Qué es lo que realmente te mueve, el conseguir un poco de oro, o el descubrir los secretos de la Naturaleza?

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