viernes, 16 de diciembre de 2011

Espíritu arriba, Espíritu abajo

Hacía unas semanas ya que no escribía nada en el blog, así que ya tocaba.

Hace poco tuve la lucidez de caer en la cuenta de algo que, bajo mi humilde opinión, ha confundido a muchos hermanos que se interesaban en el Arte Sacro. La "culpa" de este hecho la tiene Eugène Canseliet. Por supuesto, no soy quien para juzgar el trabajo de unos o de otros, pero me permitiré un comentario acerca de una afirmación, relativo al Espíritu Universal.

Canseliet, en su libro sobre los comentarios a las Doce Claves ... de Basilio Valentín, acerca de la quinta Clave, hablando de como y cuando llega el Espíritu Universal al mundo, dice:

El espíritu universal desciende de los espacios celestes en la Primavera y vuelve en Otoño.
A priori la frase no tiene mucho que comentar. Pero cuestión recae en el detalle de que, a mi parecer, el proceso es justamente el inverso; es decir, que el Espíritu vendría a la Tierra en otoño y se iría justamente en primavera. Cosa importantísima que podría cambiar los conceptos de muchos.

Para ello me baso en la observación de que las cosas "caen" en otoño. El Espíritu viene de "fuera", del "cielo", proyectado por los astros. Penetra en nuestro planeta, a través de todos los cuerpos, contaminándose con heretogeneidades a su paso por este sulfuroso mundo. En otoño podemos ver como las hojas se marchitan y caen, empujadas por ese Viento Filosófico, en su camino hacia los confines del mundo subterráneo. Luego, en primavera, las cosas florecen de nuevo, crecen las plantas, empujadas hacia arriba, por este mismo Fluido Astral que se comienza a destilar cuando el Sol interno lo calienta lo suficiente, en su camino hacia el firmamento, de donde procede.

La espada, clavada, inundó todo
Es en este momento cuando Moisés ha golpeado la roca con la Vara, cuando Excalibur ha sido clavada en la Roca, cuando la Cruz se erige sobre la Tierra. Eso es lo que nos quiere decir el símbolo del Antimonio (filosófico), el Globo Crucífero. Entonces, el aire, la atmósfera, se llena de este Agua maravillosa, en forma de Espíritu o Vapor, que puede manifestarse como lluvia, nieve, rocío, o de mil formas más, por poner algún símbolo, en su camino hacia la sutilidad, mientras va dejando tras de sí las superfluidades de las que se contaminó en su paso por el mundo.

Justo entonces es cuando hay que recogerlo, pues su abundancia y pureza es mayor. Por eso, el orden de la frase de Canseliet resulta tan importante.

¿Sería una trampa, o un error del autor? Sobre eso ya, no puedo opinar...

2 comentarios:

  1. Realmente bella la imagen que propones.

    Y sin embargo, quizás el sentido de las palabras de Canseliet es el que es, y tu explicación las ilumine un poco.

    Si tomas un trozo de seda con la mano y mueves tu mano, la seda se moverá en sentido opuesto a la mano. O si tomas un leño ardiendo y lo mueves, el fuego tendrá el mismo comportamiento que la seda.

    Quizás suceda lo mismo con el Espíritu Universal, que genera un movimiento de sentido contrario en aquellas materias a las que envuelve, y en este sentido sea tal como propone Canseliet que sucede.

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  2. Hola september road,

    quizás, a nivel teórico, no importe mucho esto que comento; pero a la hora de llevar a la práctica la recogida del Espíritu conviene tenerlo en cuenta, a fin de maximizar la eficiencia del método (aún a riesgo de que esto suene muy "tecnicista").

    Hay, como dices, dos formas de ver el asunto. Podríamos sintetizarlos (simplificando mucho) como que lo contrario atrae lo similar, base de la medicina galénica, o que lo similar atrae lo similar, base de la medicina hipocrática. La alquimia, a mi parecer, se suele decantar por la última forma de ver el mundo, de ahí el artículo escrito ad supra.

    Pero, en definitiva, las dos formas son correctas, si tomamos los axiomas correctos.

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