jueves, 20 de octubre de 2011

Sic transit gloria mundi

Finis Gloriae Mundi, de Juan de Valdes Leal
Así pasa la gloria del mundo. En la ceremonia de coronación de los nuevos papas, se les mostraba a los elegidos una rama de lino ardiente mientras, reduciéndose esta a cenizas, el oficiante le recordaba: Sancte Pater, sic transit gloria mundi. Mucho oro, muchas joyas, muchas sedas, pero la gloria del mundo pasa igual para todos, a unos antes, a otros después, pero pasa.

Así, agua del agua, tierra de la tierra, ceniza de las ceniza, la materia, gloriosa, pasa de gloria, muere, fermenta, se pudre, y se precipita en polvo, polvo que era antes, polvo que es ahora, polvo que siempre fue. Memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris, nada somos, nada seremos, más que polvo de estella, estrella misma en esencia, inamovible en la destrucción, inalterada en la generación. La gloria dura poco, pero menos dura la muerte. La muerte es necesaria, necesaria para la vida. No hay muerte sin dolor, no hay nacimiento sin dicha.

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