viernes, 21 de octubre de 2011

Caronte

Toda aquella alma difunta que quiera cruzar el Aqueronte para llegar al reino de Hades debe pagarle al barquero del río Caronte (Χάρων, Khárôn, "brillo intenso") una moneda de plata como coste del viaje. Si no, el difunto deberá vagar por las orillas de tan temible río durante cien años antes de que este acceda a cruzarnos gratis.

De esta bonita leyenda, podemos extraer rápidamente diversos puntos a tener en cuenta por el hermetista. Primero, contexto mismo de la escena. Hay dos mundos, uno terrenal, donde habita todo lo material, y luego, más allá del río, hay un mundo completamente distinto, espiritual, a donde todos los hombres materiales han de ir algún día. El río, el agua, es la única forma de llegar. No se puede cruzar a nado, tan solo lo podemos cruzar ayudados por el curioso personaje de luminiscente nombre (¿no se parece un poco a la leyenda de San Cristóbal?), patrón y marinero de una precaria embarcación, que sin embargo es la única capaz de soportar semejantes corrientes.

Ahora bien, tenemos dos opciones. Si somo ricos y nos hemos enterrado con oro o plata, no hay problema, le damos la monedita a Caronte, y este señor nos espiritualiza en un santiamén, cruzándonos ráudo y veloz a través de las aguas turbulentas. Sin embargo, si somos pobres de solemnidad, y no disponemos ni de oro ni de plata, no nos queda otra que vagar por la orilla, sin saber muy bien qué hacer, hasta que este se digne a hacernos el favor.

Como se puede apreciar aquí, este cuento hace referencia a la sublimación, a la operación que hace que el fijo se volatilice. Hay diversas vías, unas cortas y caras, que emplean oro vulgar, caro y valioso, y otras vías, cortas pero más afines a los bolsillos estrechos, que consisten en patear por las riveras, es decir, en trabajar, en manipular el agua del Aqueronte, hasta que, tras mucho caminar, encontremos el otro Oro, nuestro Oro, ese que vive en el agua, ese que viene del cielo, que no cuesta nada, y que vale mucho más que el mismo oro vulgar. Entonces, somos dignos de subirnos a la barca de Caronte.

4 comentarios:

  1. Muy interesante explicación hermética. Me parece que aunque fuéramos ricos, no nos podemos llevar nada material de este mundo hacia el inframundo; Por lo que, para poderle pagar "algo" a Caronte, debemos haber "aurificado" nuestro cuerpo de deseos y así podérselo entregar a Caronte, como pago por la cruzada a la vez que nos desprendemos de nuestros apegos materiales.

    salud artefuego, gracias por tu trabajo.

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  2. Desde luego, que todo lo que pasa en este lado de la orilla aquí se queda. No podemos guardar ninguna riqueza para el otro mundo.

    Sin embargo, atendiendo a la explicación alquímica del mito, en resumidas cuentas, podríamos decir que el oro (vulgar) acorta mucho el tránsito hacia el reino de Hades. Pero este no es absolutamente necesario, aunque requerirá de mayor esfuerzo el no usarlo.

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  3. Qué bonita leyenda Artefuego, no me canso de leerla, me dan ganas de hacerle un audio por puro homenage, a este leyenda alquímica y a todas las que vaya encontrando.... Gracias por este blog tan bonito.

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  4. De nada maria jose, el gusto es mío. Me alegra de que te resulten interesantes.

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