lunes, 22 de agosto de 2011

San Cristóbal y Anubis

Fulcanelli en El Misterio de las Catedrales nos llama la atención sobre la figura de San Cristóbal. Aquí trataremos de dar una visión completa de la leyenda y no del posible personaje histórico, pues nos interesa el mito, así como su relación con un dios del pasado tal y como es Anubis, relacionados ambos como una alegoría alquímica.

Según la leyenda transmitida por el arzobispo italiano Jacobo de la Vorágine (siglo XIII) en su Aurea legenda, San Cristóbal era un gigante cananeo que medía unos cinco metros, fuerte como un mulo, que vivió durante el siglo III y tenía de nombre Ofero (Oferus). Como era la persona más fuerte de por allí, quiso servir solo a alguien más poderoso, así que tomó por amo a Satanás, pero lo abandonó al ver que temía el nombre de Dios, así que tomó por maestro a un ermitaño cristiano que le enseñó la nueva fe. Resulta que el ermitaño se dedicaba a guiar a los peregrinos a través de un río, pero al morir este, Ofero al estar tan fuerte se dedicó a cruzar a los peregrinos directamente sobre los hombros. Un día, quiso cruzar un niño, y al cogerlo, vio que pesaba un quintal. Ante el hecho, nuestro gigante se sorprendió, y fue entonces cuando el niño le dijo que era Jesús y que pesaba tanto por llevar los pecados del mundo. Tras cruzarlo, este lo bautizó con el nombre de Cristóbal, del griego Χριστοφορος, es decir, Christoforos, el portador de Cristo, y le dijo que fuse a predicar a Samos y Licia, ya haciendo milagros tan espectaculares como el de plantar un palo en el suelo y que brotara al instante un árbol.

Existe también otra versión no católica sobre el mito, que da una sarta de detalles aún más rica en simbología. El gigante habría sido el único hijo de un rey cananeo de Tiro o Sidón. Su nombre podría haber sido Relicto, Ofero o Réprobus ("réprobo, malvado", quizás del arameo rabrab: "gigante"). Era feo como él solo, tanto que tenía cara de perro (cinocéfalo), quizás en sentido figurado. Quería estar al servicio de un amo poderoso, así que sirvió primero al rey Felipe de Licia (Tierra de Lobos, en griego, quizás en relación con su cara perruna), pero al ver que este temía al diablo, con quien tenía un pacto, decidió servir al mismo demonio, así que buscó a un brujo con el que emprendieron su búsqueda a caballo. En el camino, el brujo evitó cruzarse con una cruz, pues la temía, y ante las preguntas de Ofero, este le dijo que Jesús, que murió en ella, era temido hasta por Satanás. Así que empezó a buscar al que iba a ser su nuevo amo, pero nadie sabía de él, hasta que un ermitaño cristiano le convenció para que le ayudara a cruzar a la gente a lo largo de un peligroso vado de un río, dada su fuerza. Entonces se repite la historia, antes explicada, llega un niño, este lo cruza con terribles esfuerzos dado su peso y resulta ser Cristo, que lo bautiza con el nombre de Cristóbal, y tras esto le muestra un palo seco que convierte en una hermosa palmera colmada de frutos por milagroso acto.

Esta es la leyenda. En base a esta, Fulcanelli explica algunas cosas. Cambia, por ejemplo, el nombre de Cristóbal por el de Crisóforo, siguiendo su extraño razonamiento de cábala fonética, es decir, el Portador del Oro. Aquí se empieza a desgranar el mito alquímico. El niño sería el oro alquímico, que es llevado por Ofero, tras lo cual es cambiado en Cristóbal. Por lo tanto, el hecho de que esta sustancia lleve al oro de un estado a otro (de una orilla a otra del río, y a través de las aguas) es suficiente como para que cambie su naturaleza.

Fulcanelli relacionaba este mito con el hecho de atrapar al pez, es decir, Ofero sería la red cristalina, la tierra hojaldrada, que tendría el poder de atrapar al oro filosófico. Esto puede quedar justificado si nos quedamos en la versión de Vorágine, pero la otra que di, más rica en simbología, nos lleva a un pasado más esclarecedor.

El detalle principal que se desprende de la versión profana de la leyenda es que Ofero tenía cada de perro, de feo que era.No sabemos si en sentido literal o no del término, pero lo cierto es que esto recuerda al dios egipcio Anubis, que tenía cara de perro, y que según el mito cumplía un papel similar al de San Cristóbal, pues Anubis era el guía de los muertos, es decir, el encargado de llevar el alma de los difuntos, aquello que siempre vive, que nunca se consume por mucho que ardan las llamas, de un lado a otro.

La versión más extendido de Anubis es que era el dios de la Duat (inframundo egipcio), una figura que representaba tanto a la muerte como a la resurección (en la alquimia no existe la resurrección sin la muerte, y viceversa), y su atributo era el color negro. Tenía cuerpo de hombre, cabeza de perro y se le suele representar portando en la mano la llave de la vida, la cruz egipcia. Más tarde, Osiris subió al poder en el Mundo de los Muertos,  y Anubis pasó a ser el encargado de embalsamar los cuerpos de los faraones, guiarlos a la necrópolis y asistir a Horus a pesar los corazones de los muertos en la balanza ante el juicio de Osiris.

Cuando Seth mató a Osiris, Anubis ayudó a Isis a recomponer el cadáver, y luego resucitarlo. Y he aquí donde reside la clave.

Resulta que Anubis, negro, es que lleva los trozos del cuerpo del muerto, que luego por artes mágicas, junto a Isis, es capaz de revivir, hacer renacer de sus cenizas al dios. Recordemos que Osiris también se le relaciona con la materia primera. Yo personalmente, veo en San Cristóbal la misma figura que Anubis, como portador del fuego, que a través de la putrefracción es capaz de hacerlo salir, transformado en una nueva generación.

Al final de todo esto podemos sacar dos conclusiones:
  • Que la simbología alquímica oculta en las leyendas y mitos es tan rica que una misma incluye diferentes interpretaciones, dependiendo de pequeños matices.
  • Que las leyendas parecen provenir del mismo sitio, tal y como lo demuestra aquí el mito de Anubis y de Cristóbal, viniendo estas de dos lugares tan distantes en el tiempo y en ideología como es Egipto y el Medio Oriente.
  • Que los misterios alquímicos nos son transmitidos desde el pasado a través de diversas metáforas muy ocultas a veces en los mitos religiosos, que no son más que reproducciones modernas de una cultura aún más lejana.
En definitiva, quería demostrar con esto el porqué la alquimia no pertenece a ninguna religión, pues es anterior a estas.

Bibliografía:

http://es.wikipedia.org/wiki/Crist%C3%B3bal_de_Licia
http://es.wikipedia.org/wiki/Anubis

4 comentarios:

  1. Este blog lo llevas con gusto y elegancia y como el vino,cada vez mas añejo.
    Felicidades y gracias

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  2. Gracias por el comentario amigo Frances. Esperemos que mejore con el tiempo, como el vino.

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  3. Hola, primero de todo felicidades por el artículo.
    Ya conocía esta historia a través de Fulcanelli. La cuestión es que personalmente y de manera intuitiva no puedo evitar asociar la figura de San Cristóbal con Saturno, y la del Jesús-Oro con el Sol. Ésta última asociacion de Jesús con el Sol es evidente y no da lugar a ninguna confusión, pero la de San Cristóbal con Saturno ya plantea más dudas. Al leer tu artículo me ha parecido ver reforzada mi hipótesis. Los símbolos parecen coincidir: el negro, la tierra, su carácter "maléfico", la muerte+resurrección. Aunque no se si desde la perspectiva de la mitología comparada tendría mucho sentido asociar Saturno con Anubis. ¿Qué opinas de todo ello?
    Gracias por adelantado.

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  4. Coincido con tu visión m.o., la cual no se opone a la del texto. Quizás, la matiza más aún.

    El plomo, el negro, el caos primigenio, es una cosa vil y abyecta de donde sale lo bueno, su sangre renacida, es decir, el Mercurio. Y el Mercurio es lo que lleva al Oro. Dicen los antiguos que el plomo no es más que mercurio con un azufre infecto; por lo tanto, si lo separamos de ese azufre, y purificamos el Mercurio ya estará en disposición de llevar a un Azufre solar, al Rey.

    En este sentido, Anubis cumple la función de llevar de un sitio a otro, toma al muerto y le ayuda a resucitarlo en el más allá. Anubis podría ser el Plomo, que lleva al Mercurio, que al renacer llevará a su vez al Oro. O sea, que Ofero es Anubis, y cuando renace ya es Cristóbal, pues puede (y de hecho lo hace) llevar al oro. Por lo tanto, Anubis es Cristóbal de una forma "inmadura" aún.

    Pero claro, esto de las interpretaciones es tan arbitrario... espero que te haya servido de ayuda.

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