miércoles, 3 de agosto de 2011

María la Judía, su tribikos y una idea sobre su Materia Prima

Zósimo de Panápolis, alquimista del siglo IV d.C., nos habla de un personaje que se conoce como María la Judía, María la Hebrea o bien Miriam la Profetisa. Se la tiene por una de las primeras mujeres alquimistas de la historia y, aunque se dice autora de varios textos que pululan por el mundo, lo más seguro es que si hubiera escrito algo ya hubiese desaparecido.

Lo que sí tenemos, para nuestro consuelo, algunas citas de sus trabajos. El mismo Zósimo nos explica como fabricar una especie de alambique con dos o tres caños de salida, que al parecer aprendió de un texto de la reputada alquimista. Y dice así:
Os describiré el Tribikos, pues así se llama el aparato construído de cobre y descrito por María, la transmisora del Arte. Ella dice: Constuir tres tubos de cobre dúctil un poco más gruesos que la sartén de cobre de un pastelero, debiendo tener la longitud aproximada de un codo y medio. Hacer tres tubos de esta clase y construir también un tubo ancho, de un palmo, con una abertura proporcionada a la cabeza del alambique. Los tres tubos deben tener sus aberturas adaptadas como un clavo al cuello de un ligero receptor de forma que se unan lateralmente a cada lado, formando uno de los tubos sólo como el pulgar de una mano y los otros dos juntos, como los dedos índice y medio. En el fondo de la cabeza del alambique habrá tres orificios ajustados a los tubos, y cuando estos encajen serán soldados en sus sitios, recibiéndo el de arriba el vapor de una manera diferente. Después, colocar la cabeza del alambique sobre la vasija de barro que contiene el azufre y tapar herméticamente las junturas con pasta de harina. Al final de los tubos deben colocarse redomas de cristal grandes y lo suficéntemente fuertes para que no se rompan bajo los efectos del calor que pueda provenir del agua situada en la mitad.
El aparato, si tuviera dos en vez de tres tubos de saluda, se llamaría dibikos.

A María se la tiene por ser una gran alquimista, capaz de realizar la Gran Obra en poco tiempo y con una maestría y sencillez que ensombrecerían al más hábil de sus compañeros masculinos, tal y como sugieren, por ejemplo, el texto anónimo llamado Diálogos de Aros y María. Si esto fuese cierto, la construcción de su alambique podría sernos de ayuda a la hora de buscar pistas.

Se dice claramente que los tubos por donde asciendan y salgan los vapores sulfurosos deben ser de cobre. Como bien sabemos, cualquier ácido, al ser destilado, adquiere una concentración tal que el contacto con un metal como el cobre lo hace reaccionar. Por lo tanto, su intentásemos destilar vitriolos, vinagres o sales diversas en este alambique, al final tendríamos un producto contaminado con sales de cobre. Cualquiera que haya intentado incluso destilar un poco de vinagre en un alambique de cobre ve que se recoge en el rematero un espíritu que, lejos de ser de color transparente como debería, adquiere un color verdoso, propio del cardenillo que se forma al reaccionar con el metal.

¿Qué nos quiere decir esto? Pues, a mi parecer, María la Judía empleaba un material muy inerte (químicamente hablando) para con el cobre. Por lo tanto, podemos descartar de un plumazo los ácidos, lo que nos acota mucho a la hora de la búsqueda.

Algunos links en castellano del sitio de Adam McLean, sobre María, para quien guste de profundizar:

http://www.levity.com/alchemy/miriam.html
http://www.alchemywebsite.com/span13.html

2 comentarios:

  1. Hola Artefuego, cuando nos regalas con un nuevo tema?. De esa manera moveremos la neurona con algo que nos apasiona como es la alquimia.

    hasta pronto

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  2. Verás Octavio, el verano siempre adormece un poco todo. Pero no os preocupéis que ya preparo nuevos artículos.

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