martes, 5 de julio de 2011

Lo que no es alquimia (Primera Parte)

Para ser alquimista, es necesario "salirse" del mundo
Es difícil definir qué es la alquimia sin faltar al Secreto Hermético. Quizás por eso, tan solo pueda expresar qué no es la alquimia, a fin de que el término quede lo más delimitado posible. Tal vez este artículo sea especialmente crítico, y muchos puede que no lo entiendan o no estén de acuerdo, pero así es como veo yo las cosas.

Me temo que esta entrega se va a tener que alargar varios artículos, por no hacerla muy pesada al entendimiento, dada la extensión que requiere.



Hoy día existen muchas interpretaciones dispares sobre lo que es alquimia. Muchos, quizás la mayoría, hacen caso ciego de Carl Jung y de sus nefastos seguidores, viendo a la alquimia como algo puramente mental, psíquico o "espiritual." Relacionan a la alquimia, que es una antiquísima visión del mundo, nacida alrededor del Medio Oriente, con otros sistemas provenientes de Extremo Oriente, obteniéndose unos resultados muy dispares y, cuanto menos, disparatados. Por ejemplo, el relacionar a la alquimia con los chakras y demás doctrinas hinduístas es faltar a estas dos formas de ver el mundo. Otros, inventan una suerte de "alquimia espiritual" cuya práctica requiere una serie de ejercicios inspirados en el Tai Chi, demostrando que tienen poca idea de ambas definiciones.

El número de individuos que intentan explicar la alquimia desde su punto de vista es variopinto. Existen personas que, en base a novedosas hipótesis de física cuántica, adaptan nuestras materias, elementos o principios filosóficos en neutrones, protones y electrones. Craso error, sofismo puro, que dirían los antiguos; no son más originales que aquellos primeros químicos, alquimistas frustrados, que creyeron inventar o descubrir una ciencia cuando lo que hacían era ignorar otra. El intentar explicar a la alquimia como una simple cadena de reacciones químicas, nucleares o cuánticas es justo lo que hace de una persona no ser alquimista, porque la alquimia se basa en fuerzas de la naturaleza que nos son desconocidas, al menos de momento. Los hay incluso que se atreven a dar recetas que ellos suponen filosofales, para crear, ora un elixir, ora una medicina, empleando términos como bases, ácidos, hidróxidos, alcoholes, grupos aromáticos, etc. ¡y pretender seguir siendo alquimistas! Parece ser que la diferencia entre química y alquimia aún no está muy clara para algunos.

Otra cosa que no es alquimia son las flores de Bach, la homeopatía o la espagiria. Estos, digamos, sistemas de sanación, sin entrar a discutir en que sean efectivos o no, son otra cosa que no conviene confundir con la alquimia. En su día, espero tener la oportunidad de demostrarlo.

Y, por supuesto, no podrían faltar los que creen que la alquimia es algo puramente "espiritual" en un sentido desde luego nada alquímico y más influencia por el New Age que por otra cosa. Estos ven en nuestros tratados antiquísimos una forma de cambiar el pensamiento, el espíritu, el crecimiento personal y una serie de pamplinas que harían revolverse en su tumba al mismísimo Hermes Trismegisto. No quiero decir, con esto, que el crecimiento personal o espiritual de una persona sea algo indigno o absurdo, sino que ciertos movimientos culturales tan solo le dan el nombre metafórico de alquimia a sus propias pretensiones, en otras palabras, llaman a una cosa lo que no es. Relacionan las bellas metáforas de los filósofos herméticos con chorradas New Age y una visión contemporánea del mundo, pierden, al no entenderlo, el mensaje original, y lo desvirtuan. Hace siglos, estas personas eran los estafadores que vendían panaceas alquímicas a los reyes de Europa, hoy día, venden cursos y libros de las más variadas técnicas, ofuscando doctrina completamente ajenas bajo nombres que nos son comunes a los que bebemos de las fuentes originales. Pero estas personas (o eso quiero pensar) no pecan de tontas o malas, realmente lo que ocurre es que confían demasiado en aquella caterva de desheredados Junguianos, y obvian los textos clásicos que son medievales y, quizás, podamos alargar hasta el siglo XVIII en contados casos. En vez de leer y meditar, optan por el camino fácil de que te lo den todo hecho, aunque sea falso.

A poco que uno estudie los principios de la alquimia entre los filósofos griegos, o los clásicos del hermetismo como el Corpus Hermeticum, se dará cuenta de que nada tienen que ver estas teorías con la alquimia. Quizás subyazca un punto común, pero es tan generalista e inespecífico que hace imposible pensar que cosas tan distintas vengan del mismo lugar del pensamiento abstracto.

Pero, ¿qué podemos hacer para saber qué es alquimia? Hace falta una cosa muy difícil: una visión virgen del mundo, desaprender, ver el mundo con inocencia, con los ojos de un niños. Los antiguos decían que la alquimia era un ludus puerorum, un juego de niños, en relación a que, mientras estemos programados culturalmente, no seremos capaces de desarrollar una visión hermética de la realidad. Por ello, lo primero es librarse de ese ángulo de subjetivismo que nos han metido desde pequeños en la cabeza, y abrazar a la alquimia como lo que es: una fuente pura y cristalina de la que emanan todas las demás ciencias. ¿Entrarías sucio y arapiento en semejante templo del saber?

En resumen, podríamos decir varias cosas con respecto a la alquimia:

  • Que hay que desconfiar en todos aquellos que le añaden adjetivos a la alquimia. Alquimia es alquimia, y punto. Aquí no cabe decir que si es espiritual, mental, personal, del tarot, de los ángeles o a saber que otra cosa más.
  • Que no es cierto que la alquimia sea algo meramente espiritual, nuestro Arte se lleva a cabo en un laboratorio, con materias reales, en matraces y al calor de los fuegos; sin embargo, sí que es espiritual. Detallaré esto más adelante, en otro artículo.
  • Que para aprender alquimia, es necesario ver el mundo desde un punto de vista limpio y no contaminado culturalmente, al menos en lo posible.

Si os dicen algo de esto, os están intentando engañar por un lado u otro y con uno u otro fin. Como consejo tan solo me queda repetir lo que ya he dicho mil veces: lee a los originales, piensa por tí mismo, observa, compara y experimenta, o lo que es lo mismo, ¡ora, lege, lege, lege, relege, labora et invenies!

Continuará...

1 comentario:

  1. Me encanta tu artículo! Es directo y esclarecedor para quienes empiezan sus primeros pasos a ciegas en este vasto mundo filosofal! Da gusto encontrar alguien con los pies en la tierra!
    Un saludo desde Hamburgo.
    Te invito a visitar nuestro blog
    http://3trior.com/2014/01/25/anfiteatro-de-la-sabiduria-eterna/

    ResponderEliminar