jueves, 30 de junio de 2011

La lámina número tres del Mutus Liber

La susodicha lámina,
clic para ampliarla y poder apreciar
todos sus detalles
Esta es la copia de un artículo que publiqué en cierto foro, mejorándolo un poco. Se trata de la interpretación personal que le doy a la lámina número tres del archiconocido Mutus Liber. Para quien no lo sepa, se trata de un libro que describe la Gran Obra y que apenas tiene palabras, solo dibujos, y cuyas láminas han sido las más comentadas y controvertidas de cuantas imágenes alquímicas puedan haberse editado.


Se dice que es la lámina más difícil de interpretar del Mutus. Creo que es un resumen de la Gran Obra, y que hay que leerla de dentro hacia afuera.

En el círculo central, tenemos a nuestros dos artistas, hombre y mujer, en una barca, intentando pescar cierto animal en ese gran Mar. El animal al que intentan pescar es aspecto fabuloso; sin embargo, mientras su compañero rema, parece ser que nuestra alquimista, que tiene dos sedales, tan solo logra atrapar a uno de los peces, a mi parecer más débil, joven, flacucho y feo que el otro que está en un primer plano, de aspecto más saludable desde luego, quizás el mismo animal, pero más maduro. No consigue atrapar al fuerte porque Neptuno -que cabalga por las olas de este Mar en su carro tirado por caballos- le coje el hilo con una mano, justo cuando iba a picar, mientras con la otra agarra su tridente, delatando así su identidad, por si quedasen más dudas.

No olvidemos que este personaje, señor de los mares, soportaba sobre sus hombres el peso de toda la Tierra.

Al final parece que logran atrapar al pescaíto más joven, por lo que, como indica la mujer que sostiene un jarrón de flores encima del grabado, han logrado cierta capacidad vegetativa: han conseguido algunas flores del jardín, en el tiempo que transcurre entre el carnero y el toro. Según parece, unas, más grandes, son flores rojas o amarillas quizás girasoles que crecen directamente en la Tierra, mientras que las más pequeñas, de color blanco y en forma de corazón, salen de un tiesto, vasija o matraz que sostiene entre sus manos, al contrario de las otras que tiene detrás. Estamos ahora en el segundo círculo (de dentro para afuera), y ahora, nuestros dos pescadores parecen haber desarrollado ciertamente sus habilidades faenadores, pues la mujer tiene una formidable red y el hombre sostiene la caña de pescar.

Apaciblemente desde la orilla, sin barca alguna, no tienen muchas dificultades en atrapar con estos aparejos ahora a cierto monstruo marino, más bonito que el anterior, saludable y fuerte, que era su primer objetivo frustrado. Neptuno les señala con su tridente, pero poco puede hacer ya; pues no se encuentran sobre el Mar, dominio del dios mitológico, sino sobre la tierra, lejos del alcance de su temible cetro de tres puntas.

Pero, ¿cómo han confeccionado esta red? Encima del segundo círculo, una mujer, que tiene un pavo real al lado (símbolo de la sucesión de colores de la Obra) señala a una bandada de pájaros. El número de pájaros no es relevante, siempre que sean "suficientes", o lo que es lo mismo, los justos para conseguir una sublimación correcta, pues los pájaros indican volatilidad.

Solo entonces, usando esta red sublime hecha de flores blancas y rojas extraídas del pezqueñín sacado del Mar de los Filósofos, vuelven a pescar al Mar, pero desde la orilla, atrapan al monstruo que era su objetivo principal y finalmente, como se ve en la parte más superior, logran hacer renacer al Fénix.

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