miércoles, 8 de junio de 2011

Agallas de roble, gallos y zorras

Las agallas del roble son estructuras tumorales creadas por el vegetal cuando son atacadas por un insecto, bacteria u hongo, de modo que la planta puede aislar la infección. Crecen tanto en las hojas como en el tronco y ramas, y las más grandes aparecen al principio del verano.

Se vienen comerciando desde la antigüedad, una vez secas, estas pelotas, por su alto contenido en ácido tánico,  usado para curtir el cuero, fijar los colores en las telas o por sus propiedades medicinales y astringentes.



Este extracto líquido de esta pelota seca, es de un fuerte color púrpura, casi negro, y posee gran capacidad de teñir. Por lo tanto, y aquí es donde viene lo interesante, este sujeto seco, de color putrefacto, bajo ciertas condiciones es capaz de dar un tinte poderoso, penetrante y tiñiente.

El artista, debe ser capaz de extraer el gallo de la agalla, y entonces fijarlo convenientemente, de forma que quede atrapado. Basilio Valentín, en su tercera Clave, nos muestra este gallo siendo atrapado por un zorra (en segundo plano, encima de la cabeza del dragón).

Por lo tanto, en definitiva, si queremos extraer el tinte, antes necesitamos una zorra, que sea capaz de atraparlo, o de lo contrario nuestro gallo escapará voleteando torpemente, pues tal es su naturaleza volátil, por muchos esfuerzos que nos hayamos tomado en sacarlo de su prisión seca y putrefacta.

La zorra, debe ser un agua seca, un agente fijador, un cuerpo puro, que pueda mezclarse íntimamente con el alma del gallo, para que acaben siendo un solo cuerpo.

Por supuesto, ni que decir tiene que las agallas del roble a las que hago mención son tan solo una alegoría de cierta fase de nuestro sujeto. El Roble es la Fuente de la que sale el Agua Seca y el Tinte. Pero esto mejor lo dejamos para más adelante.

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