lunes, 28 de marzo de 2011

La Materia Primera, procedencia y evolución

Ya había escrito otro artículo anterior referente a las diferencias entre la Materia Prima y la Materia Primera. Hoy toca volver a hablar de ello.

Si nos paramos a pensar un segundo, vemos que la Piedra Filosofal no es otra cosa que Fuego. Fuego en el sentido de Pneuma, de motor del mundo, es decir, del verbo o acción del Demiurgo, principio impulsor, hablando en términos platónicos, pero atrapado de forma pura y concentrada en una matriz vítrea, en una red mineral que atrapa a semejante Pececillo.



Sabiendo esto, si leemos a autores clásicos y que la tradición corona como adeptos, como por ejemplo a Arnaldo de Villanova, que en su Rosario de los Filósofos resume claramente (sintetizando la teoría de los elementos aristotélicos) la evolución que debe seguir el alquimista para hallar la Piedra. Dice Arnaldo que las propiedades de los elementos son, para el Fuego, cálido y seco; para el Aire, cálido y húmedo; para el Agua frío y húmedo; y finalmente para la Tierra frío y seco. Dice también que no se puede ir de un extremo a otro sin pasar por los demás, por lo que la evolución, o es Tierra, Agua, Aire, Fuego; o bien es Fuego, Aire, Agua y Tierra. Si queremos llegar al Fuego, entonces debemos empezar por la Tierra.

Ahora bien, ¿de dónde se extrae esa Tierra? Arnaldo nos dice en otro capítulo de su libro que solo se puede extraer del lugar donde ya habita la Piedra. Y si es puro Fuego, Pneuma, Espiritus Mundi, debemos buscarla entonces convertida primero en Aire, luego en Agua y después en Tierra. Con estas aclaraciones y una rápida lectura a las obras publicadas en este mismo blog, yo creo que el enigma queda más que resuelto.

Otra conclusión a la que me costó llegar en su día, es que nuestro Sujeto del Arte, Materia Primera, es decir, aquello físico que debemos trabajar, aunque sea una sola cosa, es en realidad dos. Se trata de ese Pneuma, atrapado por algo, que habita en el Aire, y lo transmuta en Aire, para luego volverlo Agua. Ese "algo" es el misterioso pez echeneis, la rémora, que siendo un pececillo pequeño, es capaz con un mágico poder de detener al Barco, que nada en el Gran Mar de los Filósofos. Es el Nitro de los Sabios. Es por ello que a uno se le llama imán y al otro acero mágico. Son metálicos porque sus semblantes lo son (brillan como el metal), pero mágicos (o filosóficos) porque no son metales comunes.

Ahora, a modo de conclusión, ¿cómo podemos hacer evolucionar nuestra Tierra hasta Fuego? Pues disolviendo y fijando, solve et coagula.

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