jueves, 17 de febrero de 2011

Una sola operación


Muchos que se consideran alquimistas se esfuerzan en conocer un gran número de operaciones químicas con las que llevar a cabo sus experimentos. Olvidan en muchas ocasiones que la alquimia nada tiene que ver con la química. Las operaciones que llevan a cabo los alquimistas tienen un trasfondo filosófico, y no una justificación química.

Las destilaciones, calcinaciones, circulaciones, disoluciones, desecaciones, sublimaciones y demás forman parte tan solo de una operación. Dicen que Hermes Trismegisto en la Tabla de Esmeralda es el que más claro ha hablado nunca sobre la materia prima y las operaciones. Quizás sea así, pero desde luego es también al que más vueltas se le ha dado, complicando tal vez lo que nos quería transmitir. Dice así un fragmento de la Tabla:


VII. Separa la Tierra del Fuego, lo sutil de lo burdo, pero sé prudente y circunspecto cuando lo hagas.
VIII. Usa tu mente por completo y sube de la Tierra al Cielo, y, luego, nuevamente desciende a la Tierra y combina los poderes de lo que está arriba y lo que está abajo. Así ganarás gloria en el mundo entero, y la oscuridad saldrá de ti de una vez.

Aquí el autor se refiere a lo que hay que hacer, y es bien claro: separar lo grueso de lo sutil, sutilizar. Disolver (el cuerpo) y fijar (el espíritu), solve et coagula. No existe otra operación en alquimia. Las destilaciones y demás son solo formas de aplicar el solve et coagula. Quien no tenga esto bien presente, no conseguirá la perfección del magisterio. En muchas ocasiones da igual lo que se haga, mientras se disuelva lo gueso para fijar lo sutil. En alquimia, las materias primas, burdas, brutas y gruesas, contienen siempre en su interior elementos más sutiles, que es necesario separar mediante el Arte.

Solve et coagula nos introduce de nuevo en la Rueda de la Naturaleza, en un círculo de muerte y resurección, auténtica premisa de la filosofía hermética. Disolver para fijar lo que vamos a disolver y fijar nuevamente. La alquimia nunca acaba, pues así lo representa el Ouroboros, la serpiente o dragón que se muerte la cola. Cuando algo muere es para resucitar de cierta manera, y cuando algo vive es porque resucita de algo muerto. La muerte de uno es la vida de otros, pero en la realidad no existe esa diferenciación, como bien enseña la alquimia, pues la semilla de la vida está presente en todo.

El alquimista debe saber "matar al vivo para resucitar al muerto", pues hay que atrapar esa esencia maravillosa, misteriosa y desconocida, germen de la vida en su más sencilla forma, para con ella, concentrándola y purificándola, obtener la Piedra de los Filósofos.

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